Construcción sostenible, el reto de respetar el entorno

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Por Herbert Herrera

Implementar en la construcción técnicas de desarrollo sostenible permiten el ahorro y el cuidado del medio ambiente y, más que todo, la mejora de la calidad de vida y trabajo de los residentes, oficinistas y la comunidad en general, así lo demostraron los datos presentados en el evento denominado “Impulsando la construcción sostenible en Bolivia”.

En la oportunidad, el Banco Fassil con el apoyo de la Cámara de la Construcción de Santa Cruz (Cadecocruz), presentaron a expertos internacionales de la Corporación Financiera Internacional (IFC, por sus siglas en inglés), que expusieron sobre las ventajas del negocio climático y las certificaciones EDGE a representantes de empresas constructoras.

Importancia
El experto de la IFC, David Serna, en su intervención ante empresarios de la construcción demostró la factibilidad y las acciones que deben asumir los constructores en ciudades como Santa Cruz para emplazar edificios y viviendas con material y una estructura amigable con el medio ambiente.

“Se debe construir según el entorno, según el contexto cultural, según el clima, lastimosamente hemos entrado a una improvisación exagerada en la cual estamos construyendo de una manera rápida con el afán de solucionar un déficit de vivienda que tenemos a nivel global y no tomamos en cuenta el impacto que tienen nuestros edificios en el medio ambiente”, precisó.

Se prevé que hasta el 2060 en Latinoamérica se duplicarán todos los metros que se han construido hasta el presente año.

Esto implica que, por más que se esté mejorando, se tiene que seguir pensando en asumir acciones más comprometidas con estructuras que permitan el ahorro de energía y con materiales que tengan menos incidencia contra el medio ambiente, desde su fabricación hasta su uso final, y que sean reciclables.

“La vida útil de un edificio es de más de 50 años, tenemos que tomar consciencia porque todo lo que estamos haciendo va a tener un impacto en la vida. Cuando uno como ciudadano normal piensa en emisiones del invernadero cree que los principales efectos tienen que ver con el transporte y la industria, pero el sector de la construcción tiene un impacto elevado porque se consume más del 28 por ciento de emisiones de energía y entre el 40 y 50 por ciento de las emisiones globales, por lo que se tiene una responsabilidad bastante importante”, argumentó.

De acuerdo con datos de la IFC, el 40% de todos los materiales que se usan son de la industria global, por eso recomienda que los constructores sepan cuál es el origen del material y en qué medida su fabricación contribuye a las emisiones de gases que provocan el efecto invernadero, como dióxido de carbono (CO2).

A ello se debe determinar el consumo de agua y energía que también tiene incidencia en la emisión del CO2.

“Se está creando un portafolio donde se busca revertir y generar mejores estándares para una construcción sostenible y para compartirlos con todos”, agregó Serna.

Beneficios a largo plazo
Por su parte, Mario Serrano replicó que la construcción sostenible beneficia de forma positiva a los usuarios finales, en base a identificar sus necesidades para satisfacerlas de forma adecuada.

Considera que además se debe contemplar soluciones que permitan un ahorro eficiente de energía y de los recursos naturales como el agua con construcciones adecuadas al contexto, al clima y a la topografía de cada región.

“Tenemos como ejemplo un hecho que ocurrió en Colombia donde se construyeron viviendas de interés social en Barranquilla, cuya temperatura promedio es mayor a los 30 grados centígrados y donde las viviendas eran similares a las de Bogotá, donde el promedio llega sólo a 20 grados. La vivienda estaba concebida para un lugar con temperaturas más bajas, porque estaba hecha con material que retiene el calor; sin embargo, descubrimos que en una casa entregada en ese lugar cálido, la temperatura interna llegaba hasta los 40 grados centígrados”, explicó.

Serrano dijo que su ejemplo puede ser aplicado en Santa Cruz, por la construcción de edificios y viviendas que no están acorde con el medio ambiente y que por ende obligan a sus moradores a instalar aires acondicionados, ventiladores y otros sistemas que generan mayor consumo de energía.

Para el experto, la premisa del constructor debe ser mejorar la vida de las personas y definir detalles cómo el número de personas, de habitaciones; espacios de esparcimiento, descanso y de trabajo. “Pensar en cómo mejorar la calidad de vida de las personas permitirá un ahorro de recursos, menos gasto y mayor seguridad”, resaltó.

Un reto para el país
Bolivia es el segundo país más vulnerable de Sudamérica y el quinto menos preparado para mitigar los daños del cambio climático, según una investigación del programa ND-GAIM Country Index. Los efectos del cambio climático y, en especial la escasez de agua, afectan especialmente a la agricultura, la generación de energía, la minería, las industrias y los ecosistemas.

Los expertos señalaron que IFC ya desarrolla un trabajo importante en Bolivia con el sector para que pueda acceder a las certificaciones EDGE e impulsar con más fuerza la construcción sostenible, en especial en regiones como Santa Cruz, Cochabamba y La Paz, donde existe una mayor incidencia de proyectos que son ejecutados.

Desde 2005, IFC ha invertido más de $us 19,000 millones de sus fondos en financiamiento a largo plazo para proyectos climáticamente inteligentes y ha movilizado $us 11,000 adicionales de otros inversionistas.

IFC es una organización hermana del Banco Mundial y miembro del Grupo Banco Mundial— es la principal institución internacional de desarrollo dedicada al sector privado en mercados emergentes. Junto a más de 2.000 empresas en todo el mundo, utiliza capital, experiencia e influencia para crear oportunidades donde más se necesitan.

En 2018 el financiamiento a largo plazo en países en desarrollo ascendió a más de $us 23,000 millones, aprovechando el poder del sector privado para terminar con la pobreza extrema e impulsar la prosperidad compartida.

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