Por Ernesto Urzagasti Saldias*

Fotografías: Rodrigo Urzagasti – INFOKUS
El centro histórico de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra tuvo su génesis a partir de la tercera traslación que tuvo la ciudad fundacional que nació el 26 de febrero de 1561 a orillas del río Sutó en lo que hoy se conoce como “Santa Cruz la Vieja” en el municipio de San José de Chiquitos.
Su configuración espacial se enmarca en el típico damero ortogonal que aplicaba la corona española al fundar ciudades nuevas en tiempos de la colonia en el continente americano.
Santa Cruz de la Sierra se configuraba como una ciudad con no más de diez cuadras a la redonda hasta prácticamente comenzado el siglo XX. Su desconexión con el resto del occidente boliviano y con los antiguos lazos del Río de la Plata la mantuvieron cautiva y original durante muchas décadas, con calles de arenales y ausencia de servicios públicos de red.
Ese centro histórico tenía un eje central en su plaza de armas fundacional, conocida inicialmente como “Plaza de la Concordia” y posteriormente nombrada como Plaza “24 de Septiembre” en honor a la fecha de su proclamación libertaria en el año 1810. Otros espacios públicos caracterizaron este damero fundacional: la laguna de el Arenal, la plazuela Callejas, las Siete Calles y la plazuela Colón.
En cuanto a su arquitectura, nuestro centro histórico pasó por varias etapas, desde la arquitectura colonial de la casa española con patio central con galerías y un aljibe en el centro, pasando por la época republicana donde se adoptaban fachadas sin galería sin contemplar la galería tradicional sobre la acera de la calle.
Al ser una ciudad desconectada de las tendencias reinantes de la época moderna, se encuentran pocos, pero valiosos ejemplos de arquitectura pre moderna y moderna.
Entrando al siglo XXI, Santa Cruz de la Sierra acelera un crecimiento demográfico exponencial que la convierte en la ciudad más grande, poblada e importante de Bolivia. Esto se traduce en la expansión de su trama urbana y por consiguiente la aparición de nuevas centralidades urbanas que paulatinamente han ido captando población y crecimiento inmobiliario, en desmedro del centro histórico de la ciudad, que sostenidamente ha ido perdiendo pobladores y las actividades institucionales, públicas y privadas.
Este proceso no es único y exclusivo de nuestra ciudad, es una problemática común que han enfrentado grandes y monumentales centros históricos tales como Quito, Lima, o Panamá.
Dentro de esta degradación urbana podemos ver cómo las instituciones, bancos y comercios, se han trasladado fuera del centro Histórico. Esto ha precipitado una degradación y una crisis en el Centro Histórico de la ciudad que luce ahora deshabitado, descuidado, inseguro, con casas deterioradas y con la proliferación de lotes baldíos que simplemente quedan como lotes de engorde o estacionamientos públicos.
Esto sumado a la orfandad de este conjunto urbano histórico que no recibe inversiones significativas por parte de los gobiernos municipales de turno, como dato podemos citar que la última gran intervención data del año 2003, cuando se implementó la remodelación de la plaza principal con la Manzana Uno (fruto de un exitoso concurso público de proyectos), convertida en un gran “zócalo urbano” que sigue siendo hasta el día de hoy el único espacio público resiliente y dinámico dentro de todo el centro histórico.
El Centro Histórico de Santa Cruz de la Sierra, a pesar de su degradación socioeconómica y la pérdida sistemática de casas patrimoniales, sigue siendo un conjunto urbano excepcional y único, dado que posee una continuidad espacial a través de sus galerías sobre la acera pública, sus corazones de manzana y sus patios coloniales con aljibes, e inclusive sus calles enlosetadas que son testimonio de la época del despegue urbano de los años setenta en el siglo pasado.

Otro potencial sería la participación de la empresa privada en este acometido, bajo la figura de las alianzas público privadas. Se podrían generar importantes inversiones que apoyen a la acupuntura de ir revitalizando el Centro Histórico en el marco de incentivos y políticas municipales para atraer estas inversiones. Un ejemplo a destacar es la reciente inversión del Banco Ganadero, que apostó por invertir en su edificio central en pleno centro de la ciudad.
La reflexión final es que, para avanzar en el rescate de tan valioso conjunto urbano y arquitectónico, todo pasa por la voluntad política de nuestras autoridades municipales y la capacidad de concertación con la institucionalidad cruceña, apuntalada por la misma ciudadanía que debe exigir y acompañar que se den soluciones integrales y no promesas parches al problema descrito.
La planificación y diseño urbano integrados incorporan estrategias intersectoriales para abordar las diversas necesidades de forma holística, basándose en que las respuestas urbanas, por su complejidad, sólo pueden tratarse desde la mirada conjunta de diferentes sectores, prácticas y áreas.
El Centro Histórico de nuestra ciudad es la memoria viva de nuestros antepasados y la reserva físico espacial de nuestra historia para las generaciones venideras, es menester que encaremos de una vez por todas el proceso de revitalización y rescate de lo que aún queda en él, sin caer en la visión maniqueista de pretender conservarlo todo como un museo impoluto e inerte. El Centro Histórico debe ser un ente vivo que pueda combinar su actual vocación cultural con el ocio y la vivienda, como elementos articuladores de vida cotidiana.
(*) Ernesto Urzagasti Saldias es arquitecto, docente en FADU UPSA, past presidente de la Sociedad de Estudios Patrimoniales SEPA del Colegio de Arquitectos de Santa Cruz (CASCZ).

