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La construcción, del estancamiento a la transformación

constru

Por: Carlos Hugo Barbery Alpire

Economista DAEN y Experto en Pricing

Reg. Prof. CESC B036 | FPSC 0276

El sector de la construcción ha transitado, tras la pandemia, de un periodo de estancamiento hacia una fase de transformación. Luego de registrar un crecimiento del PIB sectorial cercano al 1,3% en 2024 (el más bajo de los últimos 15 años), el primer semestre de 2025 mostró una leve recuperación del 0,46%, con una proyección de cierre de gestión cercana al 1%.

Entre los principales factores que afectaron al sector destaca la brecha cambiaria, con un dólar pa­ralelo cercano a Bs 18,50 frente al tipo de cambio oficial de Bs 6,96, lo que elevó entre 35% y 70% los cos­tos de los insumos importados, que representan una proporción signi­ficativa de la obra. A ello se sumó una marcada inflación de materia­les, reflejada en el incremento del precio del cemento, el acero y los acabados importados ante la esca­sez de divisas. La falta de diésel se consolidó, además, como uno de los mayores cuellos de botella, incre­mentando los costos de transpor­te y encareciendo directamente el precio unitario de las obras.

El Índice de Costo de Construc­ción (ICC), publicado por el Insti­tuto Nacional de Estadística (INE) y que mide la evolución de los pre­cios de materiales, mano de obra y servicios del proceso constructivo, ha evidenciado durante el periodo 2024-2025 una brecha relevante entre la inflación oficial y la reali­dad del mercado.

Los incrementos del ICC han sido desiguales. Los edificios resi­denciales urbanos registraron las mayores alzas debido a su depen­dencia de acabados importados, mientras que las viviendas uni­familiares presentaron aumentos más moderados por el mayor uso de materiales locales. También se observaron subidas en el acero y las tuberías de PVC, aunque las cifras oficiales suelen ser más conser­vadoras que las reportadas por la CBDI, que hacia finales de 2025 re­gistró variaciones de hasta 51%. La mano de obra, con incrementos de entre 3% y 5%, amortiguó parcial­mente el índice, pese a la pérdida de poder adquisitivo de los trabaja­dores. A ello se suman diferencias regionales: Santa Cruz presenta el ICC más dinámico y volátil por su volumen de obra y costos logísticos, mientras que La Paz y El Alto mues­tran mayor estabilidad en materia­les, aunque con mayores costos de transporte.

Si bien el ICC del INE consti­tuye la referencia oficial, persiste una brecha frente a los datos de CADECOCRUZ y la CBDI, que esti­man costos reales entre 15% y 20% superiores, configurando uno de los principales riesgos para los márge­nes operativos en 2026.

En este escenario, algunas com­pañías han optado por fortalecer su eficiencia operativa a través de una gestión más precisa de sus procesos productivos. Soboce, por ejemplo, ha impulsado mejoras en la utili­zación de hornos, en el rendimiento de sus molinos y en la reducción de fallas mediante indicadores como el factor clinker o el MTBF, lo que le ha permitido sostener niveles esta­bles de producción y precio incluso en un entorno de costos volátiles. El fortalecimiento de áreas técnicas y comerciales como la implementa­ción de un departamento de pricing orientado a alinear valor y rentabi­lidad, refleja la necesidad de que las empresas adapten de manera ágil sus estructuras para amortiguar presiones inflacionarias sin sacrifi­car competitividad.

Desde la demanda, 2024 cerró con un récord de 4,05 millones de toneladas de cemento, impulsado por el sector inmobiliario como re­fugio de valor frente a la deprecia­ción, con Santa Cruz concentrando más del 40% de la superficie cons­truida del eje central. No obstante, la caída del 33% en los permisos de construcción evidenció una con­tracción de los proyectos formales y un desplazamiento hacia la au­toconstrucción y la informalidad, como respuesta al alza de costos y a la presión impositiva.

La relación entre el sector de la construcción y el sector público constituye uno de los principales focos de tensión para el flujo de caja de las constructoras. Según CADECOCRUZ y la Sociedad de In­genieros de Bolivia (SIB), existen deudas acumuladas de entidades subnacionales, en especial de la Alcaldía de Santa Cruz, con montos estimados entre Bs 400 y Bs 1.000 millones, según distintas fuentes y del Gobierno central, situación que ha llevado a numerosas empresas a la paralización de obras o a la in­solvencia técnica.

De cara a 2026, y consideran­do el impacto de las normativas recientemente aprobadas y otras anunciadas, se identifican tan­to oportunidades como riesgos. Entre las oportunidades destacan la eventual repatriación de divi­sas, que podría inyectar liquidez al sistema y dinamizar créditos y preventas; la formalización de pe­queñas constructoras mediante el sistema SIETE-RG; y el sosteni­miento de la inversión privada en construcción como refugio ante la depreciación. Entre los riesgos, sobresalen la necesidad de un de­creto complementario que permi­ta el reajuste de contratos de obra pública para evitar su inviabilidad financiera, la presión sobre el abas­tecimiento de diésel y un escenario inflacionario que podría llevar a las familias a postergar refacciones o ampliaciones.

En este contexto, la inversión privada en vivienda y comercio ofrece mayores niveles de segu­ridad que la obra pública, debido al riesgo de impago estatal. Asi­mismo, las empresas que logren optimizar su logística, integrar su cadena de suministro o asegurar contratos de largo plazo contarán con ventajas competitivas cla­ve. Santa Cruz, pese a los desafíos macroeconómicos y coyunturales, continuará siendo el mercado con mayor absorción de metros cua­drados y dinamismo del país.

En paralelo, la innovación se ha convertido en un diferencia­dor para las empresas que buscan responder a las nuevas exigencias del mercado y, al mismo tiempo, mejorar la sostenibilidad del sec­tor. Soboce ha introducido solu­ciones que combinan eficiencia y menor impacto ambiental, como su cemento Eco Premium Plus, y productos especializados como su cemento ultrarrepelente al agua, orientados a resolver problemáti­ problemáti­cas recurrentes de humedad. Es­tas iniciativas, junto con comités internos que identifican oportu­nidades para optimizar costos y li­quidez, ilustran cómo los modelos de negocio integrados y sostenibles pueden ofrecer mayor certidumbre en contextos desafiantes.

En un entorno marcado por al­tos costos y restricciones logísti­cas, la sostenibilidad del sector ya no depende únicamente del ciclo económico, sino de la capacidad de las empresas para ganar eficien­cia, optimizar procesos e impulsar inversión productiva. En un sector atravesado por restricciones es­tructurales, esta combinación de eficiencia operativa, integración logística y sostenibilidad emerge como un factor determinante para la competitividad y la viabilidad fu­tura de la construcción en el país.

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